Enseñanza híbrida y de calidad, ese es el objetivo

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¿Si se cierra el aula, se enciende el Zoom? Como en la mítica publicidad de un gel íntimo en los 80, pareciera que al cierre de las aulas le sigue la

apertura de las aulas virtuales y todo continúa su curso natural.

Pero, a partir de diversas iniciativas, ensayos y errores, fue quedando claro a quienes no estaban familiarizados con la educación en línea que los espacios virtuales no son una traducción directa del aula física, que no bastaba con programar Zoom o administrar ejercicios con diferentes “programitas”. Crear espacios de enseñanza con tecnologías digitales, donde los alumnos puedan concretar aprendizajes significativos, es una tarea compleja que requiere cuestionarnos sobre el cómo y el para qué de la educación y tomar decisiones a partir de ello.

En un espacio en línea, el docente va construyendo el vínculo con los alumnos a partir de la propuesta de actividades, de los recursos que hace disponibles, de los canales de diálogo que habilita, no sólo para dar información sino también para poder acompañar, preguntar, corregir, dar retroalimentación.

En un espacio virtual de aprendizaje educativamente valioso, los alumnos tienen la posibilidad de hacer diferentes cosas, desde las más comunes como leer o mirar, pero también -y sobre todo- explorar, formular hipótesis, diseñar, preguntar, dialogar y trabajar de forma colaborativa con compañeros y docentes. El espacio en línea se convierte en un punto de encuentro que invita a hacer, y sobre todo a encontrarse y dialogar, con los colegas y con el docente. Este principio sirve tanto para pensar “la escuela”, la formación profesional o la educación continua.

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No existe ningún software o plataforma educativa que resuelva todo este proceso de “construir el espacio de enseñanza”. Por el contrario, por las limitaciones de la tecnología, el software educativo tiende a focalizarse más en fragmentar los contenidos y medir respuestas correctas. Pero aprender es mucho más que eso. Así que el docente debe ser ingenioso para lograr reconstruir este vínculo con diferentes aplicaciones y plataformas.

Con esto en mente, tenemos que empezar a tomar en cuenta todo lo que hace falta para que la educación en línea se convierta en una verdadera respuesta inclusiva que amplifique el rol democratizador de la escuela. Desde acompañar a los docentes a reconfigurar su tarea en línea, apoyando a directivos para generar la presencia institucional en la Red, hasta promover una política de conectividad que asegure que, al menos, los aspectos materiales de la brecha digital tiendan a reducirse. La tarea es ardua y apunta a metas de corto y mediano plazo. Pero sin duda, propiciar un modelo de educación híbrida de calidad, asegura que podamos dotar de las herramientas necesarias a las nuevas generaciones.