Coronavirus en Argentina: tiene 21 años y creó una red para hacerles las compras a personas que no pueden salir de su casa

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En la cabeza de Mateo Sauton, una pregunta activó todo: ¿Cómo va a hacer la abuela? Su abuela vive sola, lejos de la casa familiar, y por su edad está dentro

del grupo más vulnerable al coronavirus. Para ella, ir al almacén a comprar pan, leche, tomate y arroz o formar fila en la puerta de una farmacia es un riesgo. Una exposición que puede traerle consecuencias graves. Y si todos debían aislarse, la cuarentena de su abuela tenía que ser todavía más estricta, pensó Mateo, pero cómo.

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“Empecé a hacer cuentas. Si mi abuela lo necesitaba, tenía que ser mucha, muchísima, la gente que estaba en la misma situación u otra parecida. Así que recurrí a un grupo de amigos que se estaban organizando para colaborar. Pedí ayuda para ella y me ofrecí a ayudar”, dice desde su casa en Núñez.

Es flaco y largo, tiene 21 años y habla pegado al celular, encerrado en su habitación. “Un chico que no conozco está en contacto con otro chico que no conozco y él le hace las compras a mi abuela”. Así, en red, empezó a formarse “Ayudando en Cuarentena”, una acción que salió de la cabeza de un grupo de jóvenes que querían ayudar a adultos mayores en tiempos de pandemia.

El proyecto, calcula Mateo, empezó el 20 de marzo. Un día después de que el presidente Alberto Fernández decretara la cuarentena general y obligatoria. Hoy agrupa a 600 voluntarios: Mateo es uno. Además, es el encargado de la zona 1, que incluye Palermo, Saavedra, Núñez, Coghlan, Villa Urquiza, Belgrano y unas cuadras de Villa Crespo. Coordina a 21 personas. Todos tienen entre 19 y 35 años.

“Al principio fue grande el impacto, tanto en la demanda como en la cantidad de personas que se ofrecían. Así que tuvimos que armar una metodología. Yo estudio ingeniería, me gusta la organización y entre todos nos pusimos a pensar la mejor manera para hacerlo”, describe Mateo.

El resultado fue este: el mapa de la Ciudad dividido en zonas con un referente por área, un formulario digital donde el voluntario debe cargar los datos personales y un manual para explicar cómo se debe hacer la entrega, con especificaciones que van desde cómo desinfectar los productos hasta cómo recibir el pago.

Mateo Sauton tiene 21 años, estudia ingeniería y desde el inicio de la cuarentena obligatoria compra remedios y alimentos para personas que no pueden salir de su casa.

Mateo Sauton tiene 21 años, estudia ingeniería y desde el inicio de la cuarentena obligatoria compra remedios y alimentos para personas que no pueden salir de su casa.

Según dónde sea el pedido, Mateo usa su bicicleta; si no va y vuelve caminando. Para ir de un punto a otro se ampara en el artículo 6, inciso 5 del decreto presidencial, que autoriza la asistencia a familiares, personas mayores o con discapacidad, niños o adolescentes. También se traslada con el permiso del Gobierno porteño en el celular. “Hasta ahora, que hicimos alrededor de 600 entregas, no tuvimos problema con la Policía. Al contrario, cuando nos pararon nos agradecieron”.

Hoy él se encarga de los pedidos de cuatro personas en simultáneo. “Dos son mujeres que tienen nenes chiquitos. Con ellas es más simple porque me hacen la transferencia, una vez que termina la compra”, dice y sigue: “También colaboro con una señora de 70 que necesita alimentos y remedios y con una pareja de 78 años".

En cada caso, se comunican por WhatsApp. Ellos le indican qué precisan, él va al supermercado o a la farmacia, desinfecta los productos y se los lleva hasta la puerta. Los deja en la entrada y se aleja. "Ellos los retiran y, los que no saben hacer transferencia bancaria, me dejan la plata en un sobre. Siempre les recuerdo que, por las dudas, vuelvan a desinfectar todo”.

“Hacer esto me da una alegría enorme. Para mí es una pavada, no me cuesta y me hace sentir útil”, dice Mateo. A veces en ese intercambio que dura minutos, le preguntan por el afuera: “¿Ves mucha gente?”, “¿Creés que esto pasará?” y muchas otras veces no paran de decirle: “Gracias, gracias, gracias”.

DD