Dólar, solidaridad y puré: vuelve el negocio de las brechas cambiarias

Economia
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La disparada del dólar paralelo en sus tres variantes -blue, MEP, contado con liqui- volvió a poner al alcance de las personas con algún resto en sus golpeados ingresos, la posibilidad

de hacerse de unos pesos extras.

Se trata de la operación conocida en la jerga financiera como “puré”. Aclaramos de entrada que comprar y vender divisas por el mercado negro es ilegal, pero desde ya, tampoco se puede negar su existencia. No es apología, es la realidad. Es la atracción de las brechas cambiarias.

El puré tuvo su apogeo en la etapa del primer cepo cambiario, que fue de 2011 a 2015. En aquellos días, el cepo era un poco menos estricto que ahora, las brechas entre el precio del mercado oficial y el del blue estaban bastante abiertas -como ahora-, pero se podía acceder a mayor cantidad de dólares y encima, estaba permitido recuperar la retención que la AFIP aplicaba sobre el precio oficial del dólar.

La operación era así: si el dólar oficial estaba a $9 se pagaba un recargo del 20% sobre ese precio (el dólar pasaba a $ 10,80) pero esa retención o anticipo se recuperaba descontándola del impuesto a las Ganancias. Los monotributistas o asalariados no alcanzados por Ganancias podían pedir su devolución.

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En definitiva, el dólar que costaba $9 “antes de impuestos” se lo vendía en el blue a $ 14 en los últimos meses del gobierno de Cristina Fernández. Para alguien que fuera habilitado a comprar, por ejemplo, 800 dólares, la cuenta era esta: pagaba $ 7.200 por esos dólares, más $ 1.440 de impuestos. Invertía en total $ 8.640, pero obtenía $ 11.200 por venderlos a $ 14 en el blue. Se hacía de una diferencia directa de $ 2.560 y luego esperaba que la AFIP le devolviera $ 1.440, o los descontaba de Ganancias. Un retorno automático de 30% que se estiraba a 55% cuando recuperaba lo que había pagado por el impuesto.

Hoy el juego del puré vuelve a estar vigente, aunque con diferencias importantes. Una, que la AFIP no devuelve lo que se paga por el denominado “impuesto solidario”, que representa un 30% extra adicional sobre el precio del dólar oficial. Otra: el negocio está mucho más acotado, ya que solo se pueden comprar 200 dólar por mes y por CUIT. Seguro que hay quienes juntan más de un CUIT, pero eso es otra cosa.

Las cuentas quedarían así. Para comprar 200 dólares a $ 68, hay que poner $ 13.600 más $ 4.080 de impuesto solidario, en total $ 17.680. Si esos 200 dólares se venden en el blue, a $ 110, se embolsaran $ 22.000. La diferencia será de 24%, o $ 4.320. Una ganancia discreta, pero ganancia al fin. Es equivalente al 25% del salario mínimo, vital y móvil. O también, una cuarta parte de lo que cuesta el alquiler de un departamento de dos ambientes en un barrio porteño de clase media.

Es verdad que se transforma plata blanca en negra, pero en una economía donde la informalidad está bien extendida, y manda el efectivo, quién va a reparar en ese detalle.

Se trata de pequeños atajos que surgen a la sombra de las restricciones, los controles, las prohibiciones. Está visto que por ahora, y en medio de la incertidumbre y la depreciación del poder adquisitivo del peso, no es fácil pedirle a la sociedad que se olvide del dólar. Menos, argumentando que es una cuestión cultural. Es más fácil: es una cuestión de defensa del bolsillo.