Coronavirus en Argentina: el 'ahorrista estafado' más famoso de la crisis de 2001 es uno de los varados en Chile y quiere volver

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Marcelo Wakstein es quizás uno de los "ahorristas estafados" más recordados de la gran crisis de 2001, por una protesta singular para la época: con su familia- su esposa Susana, sus dos

hijos entonces adolescentes- se instalaron dentro de la sucursal del HSBC de avenida Santa Fe al 2300, con reposeras, baldecitos, pelota, pantalla solar, termo y mate -hasta caracoles, según las crónicas de ese verano caliente- para protestar contra el corralito bancario que no les permitía retirar sus ahorros para irse de vacaciones a Villa Gesell.

Una forma de reclamo que rompió moldes y fue motivo de estudios de politólogos, sociólogos y antropólogos urbanos que investigaron lo que pasó en la sociedad argentina en esos años.

Ahora, 18 años después, y a sus 65 de edad (tenía entonces 46), Wakstein -porteño, de ocupación plomero y gasista- es uno de los cientos de argentinos varados en Chile -más de 24 mil en todo el mundo- desde el cierre de fronteras por el coronavirus​, y en su caso no habilitaron su vuelo de Jet Smart para regresar.

"La aerolínea nos dice que está dispuesta al viaje pero no la autorizan. Teníamos pasajes para el 30 de marzo, se reprogramó al 17 de abril, después al 29, luego al 1 de mayo. Ahora nos avisaron que cancelan el vuelo. ¿Cual es el problema de los viajes humanitarios?", pregunta en diálogo con Clarín desde Santiago de Chile, donde espera el retorno junto a su esposa Susana, de 66 años.

Están alojados en Las Condes, en las afueras de Santiago, en la pequeña habitación de servicio del departamento donde viven su hija y su esposo, y las tres nietas de 7, 4 y 1 año. Lo que era una visita de dos semanas se convirtió en una estadía que ya lleva mes y medio.

“Viajamos el 17 de marzo, cuando las cosas se empezaban a cerrar, y volvíamos el 30. Pensamos que podía haber algún inconveniente pero nunca nada de este tipo”, rememora Wakstein.

Jet Smart iba a traer 88 pasajeros este 1 de mayo. Pero no. Los Wakstein están en contacto con la embajada argentina en Santiago, que prepara un viaje de repatriación en ómnibus. Pero dudan porque Susana tiene una discapacidad de columna, y el viaje insumiría unas 46 horas, según les han dicho.

“Además llegamos acá y a los dos días mi esposa se fracturó el peroné. Estuvo con bota ortopédica. El viaje en ómnibus tampoco es directo: te trasladan a la frontera y hay que hacer trasbordo a otro micro para seguir por la Argentina. ¿Por qué no autorizan el avión”?.

Algunas respuestas dio el canciller Felipe Solá en una reunión el miércoles por videollamada con la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

Con Chile sólo está abierto el paso del Cristo Redentor. Tuvo pedidos de varios senadores patagónicos para habilitar otros más australes.

En cuanto a vuelos, sólo se autoriza el ingreso al país de 400 ciudadanos al día por Ezeiza. La senadora Inés Blas (Catamarca) planteó la duda a Solá porque había conversado con pilotos de Iberia, de Latam, que tenían disposición de volar pero no los autorizaban.

Solá dejó entrever tensiones, y que hay una negociación permanente de la Cancillería con el Ministerio de Salud que llevaría la voz cantante. “Uno quiere repatriar argentinos, Salud no quiere repatriar virus. Son posiciones encontradas que tienen que conciliarse porque las personas tienen derecho a volver. Las limitaciones vienen por ese lado”, admitió el canciller.

También mencionó largamente los problemas con aerolíneas que no quieren volar para no regresar vacías (de destinos alejados como el sudeste asiático) y que “los demás países están llenos de prohibiciones por todos lados también”. Cancillería busca tener “elasticidad” para que se autoricen en casos más de 400 ingresos al día, y llegan en rigor entre 300 y 500, dijo Solá.

Calculó que ya ingresaron 70 mil argentinos por Ezeiza (otros 180 mil por vía terrestre) y quedan varados 24.501, precisó.

Al otro lado de la Cordillera, Wakstein dice: “Tengo derecho a volver a mi país, y no me lo permiten. Yo tendría que estar en mi casa”. Con la estadía prolongada y sin ingresos, ya les escasea el dinero.

Los días pasaban entre reprogramaciones del vuelo, y ahora, en total incertidumbre. “Hubo aislamiento estricto y hace pocos días, por suerte este municipio (Las Condes) es uno de los pocos que se abrió y podés caminar, con barbijo. Aquí hay otro concepto, mucho testeo, entramos a un mercadito pequeño y nos tomaron la fiebre con un aparato a distancia”.

El 2001 quedó lejos. Wakstein lo rememora cada tanto cuando en aniversarios del estallido de la convertibilidad algún canal de TV lo lleva a la misma sucursal bancaria a recordar aquella jornada de "performance anticorralito" a pura ojota y lona playera.

¿Haría alguna acción semejante en las actuales circunstancias? “Acá podría ir a sentarme en la embajada, para protestar. Pero es otro país. No quiero seguir la cuarentena rodeado de carabineros y en prisión”, contesta resignado mientras espera que otra vez se abran los cielos.