Coronavirus en Argentina: el Presidente nunca dirá "se levanta la cuarentena"

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Alberto Fernández nunca dirá “levantamos la cuarentena”. No habrá una declaración tajante y definitiva del Presidente con ese anuncio, aunque sí hubo varios discursos en las últimas semanas

para comunicar la implantación y la ampliación de las restricciones del aislamiento social obligatorio. Fernández, dicen en la Casa Rosada, no tiene en su cabeza ese diseño neto para el regreso a la actividad, y los funcionarios que lo escuchan a diario ya entendieron que la cuarentena se irá deshilachando de forma controlada en un proceso que ya comenzó y que cualquier persona puede ver cuando sale a la calle.

Esta semana se puso en práctica la cuarentena focalizada, que permitió el regreso de los abogados y contadores a sus estudios y la reactivación de obras de construcción en algunas provincias. La semana próxima, con la prórroga de la cuarentena nacional ya impuesta, llegará otra ronda de pedidos de los gobernadores para que se permita el regreso al trabajo de algunos sectores de la economía.

La Ciudad, por ejemplo, que hasta ahora no impulsó ninguna solicitud de reapertura, le propondrá al Presidente que se permita que los bares y restaurantes puedan despachar comida y que los clientes se acerquen al lugar a retirarla, y no se limiten a esperar en sus casas el reparto de los pedidos.

No habrá otra liberación porteña por ahora. El permiso para que los niños puedan salir a las calles en algunos momentos del día, uno de los reclamos más escuchados en los últimos días, deberá esperar. “Por ahora no va a ocurrir. Antes que eso, vamos a tratar de abrir algunos sectores puntuales para darle un poco de desahogo a la situación económica de la gente y también para mover un poco la recaudación. Después veremos el tema de los chicos”, adelantó un funcionario del gabinete de Horacio Rodríguez Larreta​.

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En el gobierno porteño, hoy las preocupaciones son otras. Los contagios de médicos y enfermeros y entre las personas que viven en geriátricos obligaron a acelerar la implementación de testeos rápidos en los grupos de “población sensible”.

El martes próximo, la Ciudad recibirá una primera partida de 60.000 test rápidos que miden la presencia de anticuerpos del coronavirus en las personas. En la etapa inicial se aplicarán esas pruebas a médicos y personal de la salud y esas tomas se repetirán una vez por semana, para poder aislar rápidamente a los médicos y enfermeras que se contagien.

El estado porteño compró un total de 500.000 test -de diferentes proveedores desperdigados en el mundo, a precios que van desde los 7 a los 14 dólares cada uno- y recibirá esos envíos semanalmente, así que progresivamente comenzará a testear a adultos mayores en geriátricos, a policías y a otros funcionarios públicos que trabajan en la respuesta a la pandemia.

En la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof​ también estudia pedir algún grado de apertura de la actividad económica, pero muy restringido. El trabajo de abogados y contadores, que ya está habilitado en 9 provincias, sería una posibilidad, y también algunas industrias que funcionan con poco empleados. Algo similar sucede en otras provincias muy pobladas como Santa Fe o Córdoba, donde las reaperturas serán muy limitadas, para evitar cualquier modificación en la tasa de contagios.