Pese al avance del coronavirus en Brasil, San Pablo se une a la ola de reaperturas

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Las advertencias de la ciencia y la evidencia de que las muertes y contagios por coronavirus se siguen sucediendo a escala industrial no bastaron para impedir que las

autoridades de San Pablo sumen a la mayor ciudad de América del Sur a la ola de reapertura de actividades económicas que recorre buena parte deBrasil.

Tampoco convencieron al presidenteJair Bolsonaro a extender la obligatoriedad en el uso de barbijos a todos los rincones del más poblado país latinoamericano, por lo que el mandatario vetó trechos de una ley nacional que obliga a usar tapabocas en espacios públicos y el transporte.

En la norma, aprobada por el Congreso y que Bolsonaro sancionó, el presidente brasileño excluyó el uso obligatorio de barbijos en sedes gubernamentales, comercios, industrias, iglesias y en lugares cerrados, además suprimir la obligación de que los empleadores los provean gratuitamente a sus empleados.

También eliminó la obligación del gobierno de entregar barbijos a la población vulnerable y la posibilidad de que a las personas que no cumplieran la obligatoriedad de usar tapabocas se les aplicaran multas más pesadas.

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Una calle comercial en el centro de San Pablo. Pese a las recomendaciones de los expertos, el alcalde Bruno Covas, decidió reabrir comercios, bares y peluquerías. /EFE

Una calle comercial en el centro de San Pablo. Pese a las recomendaciones de los expertos, el alcalde Bruno Covas, decidió reabrir comercios, bares y peluquerías. /EFE

Gran parte de los más de 5.500 municipios y las 27 unidades federativas de Brasil adoptaron la obligatoriedad en el uso de barbijos para mitigar la propagación del coronavirus, pero hasta ahora no existía una ley nacional sobre el tema y el Congreso la aprobó el mes pasado.

Bolsonaro, que usa tapabocas un día sí y dos días no y ha comparecido a manifestaciones y eventos protocolares sin protección, entabló la semana pasada una batalla legal contra el barbijo al ordenar a la Abogacía del Estado apelar la decisión de un juez de Brasilia que determinó que el mandatario tenía obligación de usarlo en público. Otro magistrado acogió la apelación y dejó sin efecto la orden.

Un cartel en un negocio en el centro de San Pablo indica el uso obligatorio de barbijos. /XINHUA

Un cartel en un negocio en el centro de San Pablo indica el uso obligatorio de barbijos. /XINHUA

Tras los vetos,el gobernador de San Pablo, Joao Doria, enfrentado con el mandatario desde hace tiempo por la gestión de la pandemia, volvió a criticarlo, asegurando que “era coherente con él mismo”, ya que “no usa barbijos, no recomienda el uso de barbijos, no recomienda el aislamiento social, adora la cloroquina. El presidente Jair Bolsonaro fue el presidente Jair Bolsonaro al hacer ese veto”.

La cloroquina, usada para tratar la malaria y desestimada por la OMS como útil para tratar el Covid-19, se convirtió para Bolsonaro en una suerte de poción mágica contra el coronavirus.

El juez decano de la corte suprema de justicia, Celso de Mello, emplazó al Ministerio de Salud para que explique sobre la recomendación que impartió sobre el uso de esta droga para el Covid-19, en una demanda presentada por trabajadores de la salud, que se resisten a utilizarla.

Brasil, que en plena pandemia no tiene ministro de Salud –quien ejerce el cargo en forma interina es un militar que reconoció que su papel es el de cumplir órdenes-, es uno de los epicentros mundiales del Covid-19, que ya mató en el país a más de 62.000 personas, en un universo de más de 1,5 millones de infectados.

Esos números, los peores en el mundo después de Estados Unidos, no desalentaron a las autoridades de las dos ciudades más importantes del país, Río de Janeiro y San Pablo, a avanzar con la reapertura de actividades, incluso pese a advertencias de la oficina regional de la OMS, la Organización Panamericana de la Salud (OPAS).

El organismo prevé que el momento de mayor intensidad de la pandemia en Brasil será en agosto, mes en el que proyecciones indican que el país alcanzaría la marca de 80.000 muertos.

Río de Janeiro, la capital del estado homónimo donde murieron más de 10.000 personas por el Covid-19, reabrió esta semana bares y restaurantes. En la reapertura, imágenes de personas sin barbijos y aglomeradas fueron registradas en el rico barrio de Leblon, en la zona sur carioca, en una conducta pautada por la desinformación, la frivolidad, la negligencia y el desafío a la autoridad.

El viernes fue el turno del alcalde de la ciudad de San Pablo, Bruno Covas, él mismo un sobreviviente del Covid-19, en anunciar la reapertura de bares, restaurantes y peluquerías. En esa ciudad murieron más de 7.300 personas por Covid-19.

En Brasilia, en tanto, el gobernador Ibaneis Rocha declaró esta semana a la capital del país en estado de calamidad púbica y, el mismo día, decretó la reapertura total de los comercios, además de la vuelta a clase el 3 de agosto.

Funcionarios que conversaron con Clarín dijeron que las medidas fueron fruto de una negociación con el gobierno federal, ya que la flexibilización del aislamiento en Brasilia tiene un fuerte impacto en las instituciones de la administración central y dará una libertad mayor al Poder Ejecutivo para forzar el retorno al trabajo presencial de los servidores públicos federales. De hecho, el decreto en vigor que permite a esos funcionarios trabajar en modo remoto vencerá este mes.

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Rocha, quien recientemente visitó un hospital sin barbijo, está bajo investigación de la Policía Federal por irregularidades en los gastos de la campaña electoral que lo llevaron al gobierno de la capital brasileña en el 2018.

Brasilia, corresponsal