Saigón, caos y pánico: la crónica escrita hace 45 años desde la batalla que marcó el fin de la Guerra de Vietnam

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El Vietcong comenzó su ofensiva sobre Saigón y ataca directamente junto a los suburbios de la capital. El cerco a esta ciudad de más de tres millones de habitantes quedó completo

al cortar el Vietcong hoy en un amplio trecho la carretera 15 que une Saigón con el puerto de Vimg Tau, su última salida al mar, 130 kilómetros al este.

La ciudad recibió una nueva andanada de cohetes de 122 milímetros hacia la medianoche. La alarma aérea sonó de inmediato y en nuestro hotel todo el mundo buscó refugio.

No hubo sin embargo grandes daños aunque el cañoneo intenso y muy cercano, que comenzó a la madrugada, anunció a Saigón que la ofensiva comenzaba con toda pujanza.

Cuando los periodistas tratamos de llegar a la base de Bien Hoa, 25 kilómetros al noreste, encontramos el comienzo de la supercarretera Uno bloqueado por el ejército. Quiero dar una idea de lo que esto significa en distancia: ocho minutos en automóvil desde el palacio presidencial.

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Precedidos por sus guerrilleros que se han infiltrado en todas la s zonas inmediatas a los suburbios (rodeados de pequeños bosques y plantaciones de bananos), las fuerzas del Vietcong atacan Bien Hoa, sede del comando de defensa de Saigón y la base de Long Dinh. En un movimiento sorpresivo los guerrilleros ocuparon un puente y parte del primer tramo de la carretera Saigón-Bien Hoa. Allí se ha combatido sin cesar desde esta madrugada. El puente ocupado cortó el tráfico marítimo sobre el río Saigón, por lo tanto el puerto fluvial de esta ciudad quedó hoy paralizado.

Tuvimos que dar un rodeo muy amplio para encontrar la vía del ferrocarril y flanquear la zona de combate. Los soldados cavaban rápidamente que protegían con sacos de arena.

La crónica publicada en Clarín el 29 de abril de 1975.

La crónica publicada en Clarín el 29 de abril de 1975.

Miles de refugiados

De pronto comenzaron a arribar los refugiados y toda clase de vehículos militares con soldados y sus familiares. Llegamos por fin al cruce con la carretera cortada, a 12 kilómetros de la ciudad. Los helicópteros sobrevolaban constantemente la zona que batía sin cesar la artillería.

Avanzamos hacia Bien Hoa y pudimos observar que el ejército se retira a toda velocidad. Los soldados cargaban sus camiones y ambulancias con sus familias y toda clase de muebles, colchones y hasta un enorme cerdo que colgaba dando alaridos en la parte delantera de un tanque. Cualquier interrupción en el tránsito desataba un nutrido tiroteo: los militares preferían el ruido de los disparos a las bocinas. Como las ambulancias estaban ocupadas por los soldados en retirada, los heridos marchaban hacia Saigón en camiones.

La carretera es amplia, con seis andariveles. Hasta donde se pierde nuestra vista avanzan decenas de miles de seres humanos ocupando toda la ruta.

Vienen de Long Than y Bien Hoa, la quinta ciudad del país con 345.000 habitantes que la abandonan porque la línea de fuego ha llegado. La inmensa mayoría marcha a pie hacia Saigón sin saber que la ruta principal está cortada sólo unos kilómetros más adelante.

El cerco

Llegamos al cruce con la carretera Quince a Vung Tau. Ni un alma en la ruta, los soldados de la barrera de control han desaparecido. Solo queda un alambre de púa atravesando el camino.

Marchamos tras una larga columna de tanques pesados que se dirige al frente. Es la única manera de abrirse paso entre la multitud que camina rápidamente con la batalla pisándole los talones: hay algo quizás peor que una batalla y es la sensación de estar cercado.

Cuando llegamos a Bien Hoa, después de atravesar como una exhalación el puente sobre el río Mekong desde donde se disparaba con morteros, la batalla con todo su arco iris de humo y explosiones abarcaba los cuatro puntos cardinales. En Bien Hoa no solo la carretera estaba colmada. Los caminos secundarios, las banquinas, los arrozales eran cruzados por filas de refugiados.

La base de Long Binh, a nuestra derecha, estaba crucificada por la artillería y los cohetes del Vietcong que además la atacaban con sus vanguardias blindadas.

El Vietcong, vencedor en las calles de Saigón. Foto AFP

El Vietcong, vencedor en las calles de Saigón. Foto AFP

"Trincheras blindadas"

Quince kilómetros más adelante, en una pequeña aldea, la columna blindada se detiene. Los tanques pesados pasan a la vanguardia, los carros con la infantería de protección marchan atrás y antes de la retaguardia vamos los periodistas. Marcha lenta por una zona que conocemos muy bien: este es el camino a Xuan Long, la terrible batalla que decidió como ninguna otra la suerte de Saigón.

La artillería protege el ataque de los tanques y los helicópteros sirven de observadores. Ni un disparo todavía. La columna se detiene y comienza a desplegarse formando una línea de defensa contra el Vietcong.

En fin, el aguardado ataque se ha transformado en otra de las tantas "trincheras blindadas" que el Vietcong cerca con sus guerrillas y luego destroza con la artillería.

Volvemos hacia Saigón para observar el combate por el puente en la carretera Uno. El ejército sigue en retirada y de Bien Hoa salen columnas de soldados cargados de armamento. Van hacia la capital.

En algunos bunkers, torres de observación y en los puestos que protegen las unidades militares ya no queda nadie.

Cuando atravesamos el puente sobre el Mekong, los morteros están inactivos y el cuerpo de Ingenieros amontona cargas explosivas y largos cables que las conectan entre sí.

Un tanque del Vietcong rompe la puerta del palacio presidencial de Vietnam del Sur, el 30 de abril de 1975. Foto AFP

Un tanque del Vietcong rompe la puerta del palacio presidencial de Vietnam del Sur, el 30 de abril de 1975. Foto AFP

De vuelta a Saigón

Retornamos a Saigón y desde la terraza de nuestro hotel contemplamos nuevamente la batalla por el puente a unos cuatro o cinco kilómetros.

Las 18.20. Media hora antes se descargó una tempestad. Llueve copiosamente. De pronto una serie de explosiones que al principio parecían sólo los truenos de la tormenta. Es el ataque (después nos enteramos) al aeropuerto de Tan Son-Nut por aviones desconocidos.

Algunos negocios cerraron, hubo corridas, pero estas son ahora escenas habituales porque la gente tiene los nervios destrozados. Cinco o diez minutos después de las explosiones comenzó un tiroteo muy intenso por toda la ciudad.

"Es la guerra, es la guerra", pasa gritando un camarero junto a este enviado de Clarín, que yacía cuerpo a tierra en un pasillo del hotel.

Todos estábamos seguros de que se trataba de un ataque generalizado del Vietcong desde adentro de la ciudad.

El final de la guerra en Saigón. Foto AFP

El final de la guerra en Saigón. Foto AFP

El infierno

La calle era un infierno de disparos, corridas, vidrios rotos y gente que huía desesperada. El tiroteo fue cesando y luego de un breve lapso se reanudó con toda intensidad.

A los colegas de la televisión española los disparos los tomaron en plena calle y transcribo el testimonio de Diego Garceíto, su jefe de equipo: "Fue todo terriblemente confuso. Escuchamos primero las explosiones, que se mezclaban con la tormenta, y de pronto comenzó el tiroteo. Estábamos a 150 metros del hotel y nos refugiamos en una esquina. Comenzamos a fumar. Vimos mucho fuego antiaéreo contra los aviones que cruzaban sobre la ciudad. Los soldados que patrullaban las calles y los policías comenzaron a disparar sus armas a cualquier parte. No se sabía quién tiraba contra quién. Pasaban jeeps con soldados disparando al aire. La acera y la calle estaban repletas de gente que corría, se tiraba al suelo o se zambullía en el primer portón abierto".

El tiroteo cesó tan bruscamente como había comenzado.

Aislados, pudimos observar a medianoche desde los pisos altos los incendios que devastaban Bien Hoa.

Crónica publicada en Clarín el martes 29 de abril de 1975.