Coronavirus en Oriente Medio: comienza el Ramadán más solitario y menos festivo

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Los musulmanes de Oriente Medio comenzaron este viernes el Ramadán menos social y festivo debido a las prohibiciones impuestas para contener el coronavirus​, que ha

forzado el cierre de las mezquitas y anulado el tradicional rezo nocturno, incluso en las ciudades sagradas de La Meca y Medina.

Las autoridades religiosas han justificado las medidas por la emergencia sanitaria y han pedido a los fieles que permanezcan en sus casas, pero para muchos no será fácil aceptar las limitaciones de un mes marcado por el sacrificio en las horas diurnas, compensado por noches de alegría y disfrute.

Arabia Saudita, que acoge los dos lugares más sagrados del islam, ha tenido que doblegarse al coronavirus, vetando el acceso a La Meca y Medina de no residentes y los rezos colectivos, incluidos los del tarawih, que se realizan cada noche después de la ruptura del ayuno.

El rey Salman bin Abdulaziz dio el visto bueno para que en la Gran Mezquita de La Meca y la del Profeta en Medina tenga lugar el tarawih pero más breve y sin la presencia de fieles, que podrán seguir el ritual desde sus hogares guiados por el imán en la distancia.

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El reino, que registra más infectados en Oriente Medio, ha impuesto un toque de queda total o parcial, según las regiones, por lo que cualquier actividad pública está limitada y los jóvenes que solían jugar al voley en las calles en las noches de Ramadán no podrán hacerlo este año.

Iraníes con barbijos pasan frente al santuario de Saleh, en el inicio del Ramadán, este viernes, en Teherán. /EFE

Iraníes con barbijos pasan frente al santuario de Saleh, en el inicio del Ramadán, este viernes, en Teherán. /EFE

Ni rezos masivos ni folclore

En Egipto, debido al coronavirus, la población tendrá que renunciar no sólo a la parte espiritual del Ramadán sino a las tradicionales noches de folclore y actividades en las calles, que solían estar animadas hasta el amanecer.

El gobierno anunció las restricciones a los cultos y actividades comunitarias antes del comienzo del mes sagrado, vetando entre otras cosas las populares "mesas de misericordia", en las que cada Ramadán al atardecer decenas de personas sin recursos rompían el ayuno en la calle o en grandes carpas.

Para evitar que los más necesitados se queden sin su desayuno, el gobierno ha solicitado donaciones para distribuir comida y que las donaciones se hagan antes del final del mes, cuando es habitual que todos los fieles que puedan hagan un gesto de caridad.

Habitantes de la ciudad siria de Idlib salieron este viernes a hacer sus compras por el Ramadán, el mes sagrado del Islam. /AFP

Habitantes de la ciudad siria de Idlib salieron este viernes a hacer sus compras por el Ramadán, el mes sagrado del Islam. /AFP

Sin embargo, las autoridades egipcias decidieron este jueves reducir el toque de queda que está en vigor desde hace un mes, que comienza el viernes a las 21, dando así la posibilidad de visitar a familiares y amigos y tomar el "iftar" (la comida que rompe el ayuno) juntos en torno a las 18.30.

Además de Egipto, otros países han decidido reducir el toque de queda y relajar algunas medidas tomadas en las semanas anteriores para frenar el coronavirus, para que el mes sagrado no sea demasiado duro para los fieles y también para sus ya maltrechas economías.

En Irak el toque de queda de 24 horas ha sido reducido y sólo estará en vigor entre las 19 y las 6, hasta el 22 de mayo, coincidiendo prácticamente con el mes del ayuno.

Fieles musulmanes mantienen distancia durante el rezo de los viernes en una mezquita de Peshawar, en Pakistán. /EFE

Fieles musulmanes mantienen distancia durante el rezo de los viernes en una mezquita de Peshawar, en Pakistán. /EFE

La máxima autoridad religiosa shiíta de Irak, el ayatollah Ali al Sistani, pidió en su sermón del viernes a los ciudadanos "cumplir con las recomendaciones de las autoridades sanitarias competentes, y con todos los consejos y orientaciones del gobierno", porque hacerlo llevará al fin de la pandemia.

Una mujer iraní ora frente a la mezquita Saleh en Teherán, este viernes./EFE

Una mujer iraní ora frente a la mezquita Saleh en Teherán, este viernes./EFE

En el Líbano y en Siria también fue recortado el toque de queda varios días antes del comienzo del Ramadán y ambos países han permitido la reapertura de comercios y locales públicos, aunque no de los templos religiosos.

Los habitantes de Damasco pudieron hacer este viernes sus compras de Ramadán, que a diferencia de otros años viene marcado por la COVID-19 más que por la guerra en este país.

Reapertura de centros comerciales

Las autoridades de Dubai permitieron la reapertura de tiendas, centros comerciales, restaurantes y cafeterías a partir de este viernes, aunque sólo podrán recibir clientes hasta un 30% de su capacidad.

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Incluso se permitirá que hasta un máximo de diez personas puedan tomar el "iftar" juntos y manteniendo las distancias, aunque se aconseja restringir los contactos a los parientes y no reunirse con los amigos.

Además, por primera vez desde principios de abril, los habitantes de Dubai podrán salir a hacer deporte durante dos horas al día y moverse sin restricciones, excepto entre las 22 y las 6.

El corazón comercial de Emiratos Árabes Unidos tiene prisa por recuperar su actividad, especialmente en este mes en el que el consumo se dispara por las compras de alimentos y productos típicos, y por las salidas a restaurantes y cafeterías.

Sin embargo, la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud para el Este del Mediterráneo alertó antes del comienzo del mes sagrado que el levantamiento de las restricciones no significa que la epidemia haya terminado.

"Este mes vamos a celebrar viejas tradiciones en un mundo nuevo, que requiere que todos nosotros asumamos cambios y compromisos por nuestra salud y la salud de nuestras comunidades y seres queridos", afirmó el director regional del organismo, Ahmed al Mandhari.

"Que el Ramadán sea este año un tiempo para la reflexión privada, la oración y el descubrimiento de nuevas formas de ayudar a los necesitados", agregó.

Francesca Cicardi, agencia EFE