Sergio Moro, el ex juez que arriesgó su popularidad terminó perdiendo

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Aún es incierto el nuevo camino que tomará el célebre ex juez de la operación Lava Jato Sergio Moro tras alejarse, chamuscado, del calor del poder en

target="_blank" href="https://www.clarin.com/tema/brasil.html" alt="brasil" title="brasil" target="_blank">Brasil.

Al ex juez ya le llueven invitaciones para integrarse a gobiernos regionales de Brasil y, también, para iniciar una nueva vida académica, tal vez en Estados Unidos, por donde pasó en 1998, antes de la celebridad, para realizar un curso en la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard.

Por ahora, según dijo en su despedida en Brasilia este viernes, el ex magistrado de 47 años elegirá descansar.

Moro abandonó 22 años de carrera judicial y una fama de juez implacable a la que lo alzó el desbaratamiento del contubernio entre política y negocios que lideró, para convertirse en ministro de Justicia y Seguridad Pública de Brasil.

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Desde el juzgado federal 13 de la sureña ciudad de Curitiba especializado en el combate a delitos financieros había ganado también reconocimiento mundial por poner fin a un asalto de décadas a los cofres del Estado, lo que le valió una adhesión sin crítica de la mayoría de una sociedad desesperanzada por la corrupción.

Sin embargo, sus maniobras desde la justicia para favorecer en el 2018 el triunfo electoral de Jair Bolsonaro y, enseguida, su decisión de sumarse como ministro a un gobierno predestinado desde el origen a una naturaleza tumultuosa, lo removieron del pedestal.

Peores aún resultaron para su prestigio las humillaciones a las que lo sometió Bolsonaro durante los casi 16 meses que permaneció en el gobierno.

“El señor Sergio Moro es un patrimonio nacional. Gracias Sergio Moro. Usted renunció a 22 años de magistratura no para entrar en una aventura, sino en la certeza de que juntos podemos hacer lo mejor para nuestra patria”, lo lisonjeó Bolsonaro en agosto, después de una pelea sobre el comando de la Policía Federal, la misma disputa por la que renunció el viernes.

El presidente exaltó también la figura de Moro en la mayor tribuna de la diplomacia mundial, la Asamblea General de la ONU, en la que lo calificó como “un símbolo de mi país” que juzgó y castigó a “presidentes socialistas” que “desviaron millones”.

Pura espuma. Mientras lo elogiaba públicamente, también lo observaba como un posible competidor en las elecciones de 2022, dada la gran popularidad de Moro, e iba minando sus atribuciones.

Además de discutir por el control de la Policía Federal, Bolsonaro amenazó con dividir el Ministerio en dos, dejándole a Moro la cartera de la Justicia y entregar la de Seguridad Pública a un ex jefe de la llamada “bancada de la bala” en el Congreso.

Bolsonaro, además, quitó a Moro el control de la agencia antilavado, que dependía del Ministerio de Justicia y fue transferida al Banco Central. También, con el velado apoyo del presidente, el Congreso desfiguró un proyecto emblemático de Moro, el llamado paquete antidelito.

Todos esos episodios desdibujaron la figura del ex juez, mientras se hacía evidente su escasa densidad política y su falta de ímpetu para posicionarse en defensa de las instituciones democráticas.

Sergio Moro y el presidente Jair Bolsonaro, en una época de mejores relaciones, en septiembre de 2019. /AFP

Sergio Moro y el presidente Jair Bolsonaro, en una época de mejores relaciones, en septiembre de 2019. /AFP

Las revelaciones del sitio The Intercept sobre diálogos impropios entre Moro y fiscales del Lava Jato, que pusieron en duda la imparcialidad del operativo anticorrupción que llevó a la cárcel a Luiz Inácio Lula da Silva, impidió su postulación en el 2018 y resultó en más de 160 condenas de corruptos, socavaron más su condición de intocable.

Los diálogos, que Moro no reconoció como ciertos, expusieron una colusión entre el magistrado que juzgaba y los fiscales que acusaban, tiñendo de sospechas las investigaciones que revelaron la cofradía entre agentes públicos y empresas para asaltar al Estado.

Muchos políticos que estuvieron en la mira del ex juez hoy celebran su caída, mientras ofrecen ayuda al debilitado gobierno de Bolsonaro a robustecer su deshidratada base de apoyo parlamentaria.

Moro avisó a sus ex colaboradores que sufrirá ataques de Bolsonaro y sus futuros nuevos aliados. Ese es el nuevo combate que deberá enfrentar si, como muchos de sus admiradores anhelan, decide pelear por volver otra vez al centro del poder del que fue eyectado.

Brasilia, corresponsal