Coronavirus en EE.UU.: inmigrantes sin papeles se reconvierten para hacer cualquier trabajo

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Ulises García pasó de ser mozo a trabajar en una lavandería. Yelitza Esteva solía ser manicura pero ahora compra y reparte comida a domicilio. Maribel Torres pasó de limpiar casas a hacer

barbijos

La pandemia del coronavirus ha destruido sectores de la economía dominados por la mano de obra inmigrante: muchos restaurantes, hoteles, servicios de limpieza de oficinas, cuidadoras de niños, peluquerías y centros de belleza, entre otros, han cerrado sus puertas porque las autoridades no los consideran esenciales.

Para el Migration Policy Institute (Instituto de Política Migratoria, en español), la situación laboral de los inmigrantes en Estados Unidos se vio dramáticamente empeorada por la pandemia: a pesar de que representan sólo el 17% del total de la fuerza laboral, el instituto considera que el 20% opera en industrias vulnerables donde se esperan despidos masivos.

Y los inmigrantes que no tienen estatus legal no pueden acceder al paquete de 2.200 millones de dólares en ayuda financiera que el Congreso aprobó recientemente para apoyar a las familias afectadas por la pandemia.

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Leymar Navas trabajaba como cajera en un restaurante de Miami antes del brote de coronavirus. Ahora desinfecta cajeros automáticos / AP

Leymar Navas trabajaba como cajera en un restaurante de Miami antes del brote de coronavirus. Ahora desinfecta cajeros automáticos / AP

"No sé si seguiré trabajando aquí, porque no me siento cómodo cuando el virus está por todos lados'', dijo García, que antes de la pandemia era mozo y ahora trabaja en una lavandería en Brooklyn. García se dedica a vender productos como detergente o lavandina que necesitan los clientes del establecimiento.

"El problema es que no se sabe cuánto tiempo durará esto'', agregó el inmigrante mexicano.

A la venezolana Yelitza Esteva no le quedó otra opción después de haber perdido su trabajo haciendo manicuras en una peluquería de Miami en la que ganaba 2100 dólares al mes.

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Su marido también se quedó sin empleo en una empresa que hacía renovaciones de casas. Además de pagar el alquiler de su casa y los servicios de agua, luz y teléfono, enviaban dinero al menos a siete familiares en Venezuela.

"Me asusté. Me quedé sin nada'', dijo Esteva, una inmigrante de 51 años que abandonó Venezuela en 2015 para pedir asilo en Estados Unidos.

La inmigrante mexicana Maribel Torres trabajaba limpiando departamentos, pero ahora está haciendo barbijos. / AP

La inmigrante mexicana Maribel Torres trabajaba limpiando departamentos, pero ahora está haciendo barbijos. / AP

Ahora Esteva y su marido trabajan para el servicio de compra y distribución de alimentos de un supermercado llamado Instacart: ganan un promedio de 150 dólares al día por más de 12 horas de trabajo.

Todo es peor para los ilegales

La mayoría de los inmigrantes con residencia permanente pueden beneficiarse del pago por desempleo y de la ayuda que el Congreso ha aprobado. Algunos con un permiso de trabajo temporal, como los que solicitan asilo, también pueden pedir ambas formas de apoyo económico.

Pero los inmigrantes que se encuentran sin permiso legal en el país no pueden acceder a ninguna, incluso si pagan impuestos. El gobernador de California, Gavin Newsom, sin embargo, anunció la semana pasada que su Estado ofrecerá un pago a los inmigrantes perjudicados por el coronavirus que viven en el país ilegalmente. Newsom dijo que entregará 500 dólares por persona a aproximadamente 150.000 adultos.

El gobernador de California, Gavin Newsom, prometió que su gobierno le dará asistencia a los inmigrantes indocumentados. / AP

El gobernador de California, Gavin Newsom, prometió que su gobierno le dará asistencia a los inmigrantes indocumentados. / AP

Algunas ciudades estadounidenses impulsan iniciativas similares: Minneapolis y St. Paul, en el Estado de Minnesota, crearon fondos especiales que están disponibles para todas las personas independientemente de su estatus migratorio. La ciudad de Austin, en Texas, tiene un fondo que será utilizado en parte para ayudar a quienes han quedado marginados de la ayuda del gobierno nacional.

Diana Mejía, coordinadora de salud y seguridad del grupo de ayuda a inmigrantes Wind of the Spirit, asegura que desde años llegan jornaleros todos los días a la estación de trenes de Morristown, en Nueva Jersey, con la esperanza de ser contratados por empresas de construcción o jardinería. Ahora casi todos los días hay caras nuevas, dijo.

"Muchos eran trabajadores de restaurantes. También trabajaban para empresas de construcción que cerraron'', explicó.

En Nueva York, la inmigrante mexicana Maribel Torres trabajaba limpiando departamentos, pero sus clientes dejaron de llamarla al comienzo de la pandemia. Su esposo perdió su empleo cuando el restaurante en el que cocinaba cerró.

Un grupo de inmigrantes hace cola para entrar a un tribunal en Los Ángeles. La parálisis económica provocada por la pandemia de coronavirus los ha llevado a buscar cualquier trabajo para sobrevivir. / AP

Un grupo de inmigrantes hace cola para entrar a un tribunal en Los Ángeles. La parálisis económica provocada por la pandemia de coronavirus los ha llevado a buscar cualquier trabajo para sobrevivir. / AP

Ahora, con el apoyo de MakerSPace, un espacio de trabajo compartido que ofrece herramientas para que la gente aprenda oficios, y La Colmena, una organización sin fines de lucro que ayuda a jornaleros, está haciendo barbijos de tela en su casa.

Junto a otras tres mujeres inmigrantes que hacen lo mismo donarán algunos barbijos y venderán otras. Hasta ahora han vendido unas 300 por Internet. Un joven jornalero que también perdió su trabajo hace las entregas a domicilio.

"Siento que estamos apoyando a otros, y al mismo tiempo ganamos un poco de dinero'', expresó Torres, de 47 años.

La abogada venezolana Leymar Navas trabajaba como cajera en un restaurante de Miami antes del brote de coronavirus. El negocio de sushi cerró en marzo, casi al mismo tiempo que su esposo y sus dos hijos adultos perdieron sus empleos.

Tras una búsqueda desesperada encontró un trabajo de medio tiempo en una empresa de desinfecciones que limpia los cajeros automáticos de los bancos.

"Nadie se esperaba esto'', aseguró Leymar, quien llegó junto a su esposo economista en 2018 en busca de asilo político. "Pero todo trabajo es digno mientras lleves comida a la mesa'', dijo la mujer de 47 años.

Yelitza Esteva es una inmigrante de 51 años que abandonó Venezuela en 2015 para pedir asilo en Estados Unidos. Perdió su trabajo en un salón de manicura por la pandemia de coronavirus y ahora trabaja para un app que hace entregas de alimentos. / AP

Yelitza Esteva es una inmigrante de 51 años que abandonó Venezuela en 2015 para pedir asilo en Estados Unidos. Perdió su trabajo en un salón de manicura por la pandemia de coronavirus y ahora trabaja para un app que hace entregas de alimentos. / AP

Según un estudio del Pew Research Center (Centro de Investigaciones Pew) realizado en marzo, cerca de la mitad de los hispanos entrevistados (el 49%), dijo que alguien en su hogar había tenido un recorte de sueldo o había perdido su empleo como consecuencia de la pandemia del coronavirus. El porcentaje supera ampliamente a los afectados que son blancos (el 29%), e inclusive a los que son de raza negra (el 36%).

Un análisis reciente del Centro Pew basado en estadísticas del Censo encontró que ocho millones de hispanos tenían una alta posibilidad de perder sus empleos en el rubro servicios.

Muchos inmigrantes con nuevos trabajos dicen ahora que agradecen tener un empleo durante la pandemia, aún cuando ponen en riesgo sus vidas.

"Muchísimo miedo, muchísimo'', dijo Esteva, la inmigrante venezolana que se aplica loción antibacterial en todo el cuerpo cuando sale a comprar al supermercado y luego hace los repartos.

"Estoy confiando en Dios, que es el que nos protege'', completó.

Fuente: AP