Brasil: un posible cambio en la cúpula de la Policía abrió una crisis entre Jair Bolsonaro y Sergio Moro

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El posible reemplazo del jefe de la Policía Federal, Mauricio Valeixo, a cargo de sensibles investigaciones que involucran políticos de distintos partidos, provocó otra crisis en el gabinete

de Jair Bolsonaro y rumores de renuncia del popular pero desgastado ministro de Justicia y Seguridad Pública, el ex juez Sergio Moro, una de las estrellas del turbulento gobierno de Brasil.

El eventual cambio en la cúpula de la Policía Federal para nombrar un comisario de confianza de Bolsonaro ocurre en momentos en que el presidente buscar dar a su gobierno una sustentación más fuerte en el Congreso a través de negociaciones aún en curso con parlamentarios del llamado Centrao (gran centro), acostumbrados a alquilar su apoyo a los gobernantes de turno a cambio de cargos en entes y empresas estatales.

Esos profesionales de la política fueron el blanco predilecto de Bolsonaro en su campaña electoral, en la que prometió una lucha sin cuartel contra la corrupción y también un programa liberal a ultranza.

La pandemia del coronavirus​, que dispara los gastos del Estado, reclama fomento estatal, hunde la actividad y la recaudación, junto a la erosión del apoyo del Congreso a Bolsonaro, que ni siquiera tiene partido político, reconfiguran el rumbo de la administración brasileña alejando del centro de gravedad del poder a quienes hasta hace poco eran los ministros más fuertes y símbolos de las promesas de campaña del presidente: Moro y Paulo Guedes, el jefe de la cartera económica.

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La tensión política de las últimas horas, incluso, hundió más al real, que cerró en su mínimo histórico nominal de 5,53 unidades por dólar.

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“El gobierno prometido por Bolsonaro terminó. El plan liberal de Guedes y el plan de combate a la corrupción de Moro fueron derrotados por la pandemia”, dijo el senador Alessandro Vieira, del partido Ciudadanía, una de las agrupaciones políticas surgidas al calor del “que se vayan todos” brasileño, que tuvo su auge en el período que precedió al impeachment de Dilma Rousseff en el 2016 y la elección de Bolsonaro en el 2018.

Vieira, quien también es comisario de la Policía Civil de su estado, incluyó entre las razones del cambio de rumbo, además de al coronavirus, “al casamiento” del presidente con el Centrao y las investigaciones por supuestas irregularidades de uno de los hijos del mandatario.

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La oficina de prensa del Ministerio de Justicia se limitó informar que el ex juez de la operación Lava Jato que condenó y ordenó detener al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva no confirmaba reportes ni comentarios de legisladores que indicaron que, tras ser informado por Bolsonaro sobre la decisión de reemplazar a Valeixo, comunicó al presidente su desacuerdo y le dijo que si ese reemplazo se concretaba evaluaría si permanecía en el cargo.

Pero la nueva discrepancia entre Bolsonaro y Moro, que controla la Policía Federal y sus investigaciones a través de Valeixo, su hombre de confianza, se divulgó rápidamente a través de fuentes de la propia fuerza de seguridad y del Palacio del Planalto. Es la tercera vez en menos de un año que Bolsonaro da señales de querer sacar del cargo al jefe de la Policía Federal.

En enero, el presidente habló sobre la posibilidad de dividir al Ministerio que comanda el ex juez y crear uno de Seguridad Pública, dejando a Moro apenas con la cartera de Justicia. Después dio marcha atrás. Bolsonaro, además, le quitó a Moro el control de la agencia antilavado, que dependía del Ministerio de Justicia y fue transferida al Banco Central.

Esos episodios desgastaron la figura de Moro, que llegó al gobierno como un abanderado anticorrupción por su trabajo en el Lava Jato, que arrasó con un contubernio institucionalizado entre poder y negocios y, como efecto colateral, con el sistema de partidos que gobernó Brasil casi sin interrupción desde la redemocratización de 1985.

Pero el ex magistrado con enemigos poderosos en el Congreso y en el Poder Judicialfue perdiendo prestigio debido a una escasa cintura política, una evidente timidez para posicionarse respecto a la defensa de las instituciones democráticas y, sobre todo, por filtraciones de supuestos diálogos que mantuvo con fiscales de la mayor operación anticorrupción de la historia de Brasil.

Esos diálogos, que Moro no reconoció como ciertos, expusieron relaciones impropias entre el magistrado que juzgaba y los fiscales que acusaban, tiñendo de sospechas de imparcialidad las investigaciones que revelaron la cofradía entre agentes públicos y empresas para asaltar al Estado.

Las revelaciones tuvieron efectos. Las voces críticas del Lava Jato ganaron intensidad y crearon un ambiente que permitió al Supremo Tribunal Federal (STF), la máxima corte de Brasil, anular sentencias de Moro.

El desgaste del Lava Jato y del ex juez benefició a Bolsonaro, según analistas, al reducir la influencia de fiscales y jueces anti política, dándole una herramienta para reforzar gobernabilidad.