Coronavirus en Francia: el hambre, una de las razones de la flexibilización de la cuarentena en París

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El desconfinamiento gradual en Francia desde el 11 de mayo por el coronavirus​ tiene razones socio económicas y no solo educativas. Va a permitir que regresen al

trabajo y a la cantina escolar a miles de familias, que hoy no tienen recursos suficientes para comer. El hambre ha puesto a los suburbios franceses al borde de la explosión.

El caso más grave es en Seine St Denis, a cinco minutos de París. Sus autoridades alertan sobre la precariedad alimentaria, en un distrito super poblado con inmigrantes, familias precarias, refugiados y desocupados, que no tienen suficiente dinero para comprar comida en pleno confinamiento.Pero el regreso a clase será voluntario, según decidió el gobierno.

Al lado del espacial Stade de France, la pobreza florece junto al bajo nivel de vida al borde del Periférico parisino.Es uno de los departamentos más precarios de Francia: un habitantes sobre 3 vive muy por debajo de la línea de pobreza.

“Mi principal riesgo en los 15 días que vienen, si se exceptúa el riesgo sanitario, es el riesgo alimentario”, indicó el prefecto de la región 93 en un mail a su colega Michel Cadot. “Nosotros contamos con entre 15.000 a 20.000 personas entre villas miserias, alojamientos de urgencia, “foyers” de trabajadores migrantes, que van a tener dificultades de alimentarse” previno el prefecto Georges Francois Leclerc, en un documento que revela la revista francesa Le Canard Enchaîne.

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Los habitantes de St Denis tienen empleos precarios, están desempleados o trabajan en negro por la falta de papeles o en una economía subterránea, que ha desaparecido en el confinamiento. Tampoco ayuda el cierre de los mercados callejeros, donde pueden conseguir alimentos baratos. Por eso nace la dificultad de alimentar a sus hijos, que normalmente comen en la cantina escolar.

El alcalde de St Denis decidió enviar a las familias cuyos hijos comían en la cantina de la escuela un cheque alimentario de entre 60 a 130 euros por cada chico. Las autoridades del departamento anunciaron una ayuda de 60 euros para las familias de 25.000 alumnos en precariedad alimentaria. Tambien han enviado dinero a las asociaciones. En St Denis se distribuirán 2,6 millones de euros en cheques de urgencia alimentarios.

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Las asociaciones barriales, que normalmente ayudan a estas familias precarias, han stockeado leche infantil, platos preparados, frutas y verduras. En Clichy Sous Bois, donde nació la explosión social en el 2005, en la cocina de un colegio se preparan y distribuyen 4.500 comidas diarias. Ese mecanismo debería repetirse en todos los barrios sensibles de Francia.

Cecilia Lopes es mucama por horas. Trabaja en seis casas de familia a la semana y solo tres han decidido continuar pagando su salario completo. El resto la ha colocado en desempleo parcial. ”Soy la única con un salario en casa. Mi marido es pintor y asmático. No trabaja ahora. Mi hijo está desempleado, mi hija estudia arquitectura en la universidad. Soy la que mantiene la familia y cada día es más difícil. Tengo que tomar los transportes públicos para salir de casa y es peligroso con el virus. Mis vecinos ya no tienen como sobrevivir”, cuenta esta francesa de origen de Cabo Verde, que vive en Clichy sous Bois, via whats ap.

Peor está Roman, rumano, viudo, con dos hijos chicos, que vive en la villa miseria cerca del periférico en Montreuil,  pero mendiga en el Faubourg St Antoine. ”Llevamos dos días sin comer. Ya no tengo nada para mis chicos. Si no abren el colegio, vamos a morir de hambre. No se puede salir a la calle. No tengo más nada”, revela.

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El Secours Populaire, versión francesa de Caritas, aseguró que “jamás” han enfrentado una situación similar. Solo en el departamento 93 ellos distribuyeron el 40 por ciento más de alimentos que el mes anterior. A ellos se suman los estudiantes, que no han podido regresar a la casa familiar y no tienen más presupuesto para resistir. Viven de las bolsas que distribuye el Secours Populaire.

Funcionarios y militantes humanitarios temen que haya “un estallido de hambre” en los suburbios y barrios populares, en el segundo mes de confinamiento ante la cantidad de gente que se encuentra en desempleo parcial, cobrando el 80 por ciento solo de su salario habitual, que es el mínimo.Ya ha habido incidentes calientes con la policía los últimos cinco días.

Por eso el gobierno insiste en reabrir el colegio para los más chicos en las zonas más desfavorecidas. La decisión de hacer regresar a los chicos al colegio “será voluntaria”. Un producto de la controversia que desató la decisión en familias que consideran en riesgo mandar a sus hijos al jardín de infantes y a la escuela primaria, aun cuando las estadísticas consideran que tienen escaso riesgo de contagio del coronavirus.

Las cantinas escolares están cerradas y los chicos no reciben su diario almuerzo, que para muchos era su comida principal. Los padres comen en las cantinas de las fábricas. Ramadán complica aun mas el clima social por las restricciones de desplazamientos y las tensiones que genera en familias de origen musulmán. El virus ha forzado a las mezquitas a cerrar y no pueden ir a rezar en su mes sagrado. No se ha planteado la posibilidad de abrir las cantinas escolares para que sean las familias las que retiren diariamente o dos veces por semana la comida en viandas y la llevan a su casa, como sucede en otros países.

Pero el escándalo de la clase media de regresar al jardín y al maternal es tal que el gobierno decidió que sea voluntario y no obligatorio. Lo acaba de decidir el gobierno ante el rechazo de maestros y padres de volver a la escuela. El Palacio del Eliseo hizo saber el jueves que el retorno al colegio “será sobre la base del voluntariado” en este desconfinamiento progresivo.

La resolución se adoptó después de un diálogo entre el presidente Emmanuel Macron y los alcaldes franceses, que sugieren esa medida ante el rechazo de los padres de clase media a enviar los chicos al colegio y la resistencia de los maestros.

El regreso a la clase es un serio problema para el gobierno porque divide a las familias, a los alumnos, y a los maestros. Pero el jefe de estado en su discurso al país dijo que “la situación actual es un hueco de desigualdades. Demasiados chicos, notablemente en nuestros barrios populares y en el campo están privados de ir al colegio, sin tener acceso a la computadora y que no pueden ser ayudados de la misma manera por los padres. Por eso nuestros chicos deben retomar el camino de las clases”, dijo Macron el pasado 13 de abril.

Pero el ministro de educación Jean Michel Blanquer ni siquiera se había enterado de esta convocatoria. Tuvo que salir a detallar pistas para un calendario de un regreso al colegio en tres semanas, por nivel de clase, en aulas de 15 alumnos, donde no se contaminen. Una dura misión. El que no quiera ir a clase podrá, pero deberá seguir la enseñanza a distancia. Cómo harán si muchas familias no tienen dinero para comer. Menos para comprar una carga para su teléfono celular, cuando el correo funciona lentamente para que lleguen las tareas por el cartero.

El temor de los médicos es que este desconfinamiento genere nuevamente un alto contagio y que el confinamiento regrese en julio y agosto, cuando los alumnos franceses tienen vacaciones de verano al igual que sus padres.

En Francia el debut del confinamiento fue el 17 de marzo. En otros países europeos, las fechas son distintas: en Alemania las clases comenzaron el 20 de abril cuando su confinamiento se inició el 22 de marzo. En Dinamarca el 15 de abril cuando la cuarentena se inició el 11 de marzo, en Gran Bretaña están previstas para el 1 de sseptiembre, cuando el confinamiento se declaró el 23 de marzo y en Italia se prevé para el 1 de eptiembre cuando la cuarentena debutó el 10 de marzo.

Según el Palacio de Eliseo, la reapertura escolar se llevará adelante sobre tres grandes principios: un regreso a la escuela progresivo, concertado, adaptado a las realidades, con la prioridad dada “a los más chiquitos” y a los “chicos con más dificultades”. Pero sobre todo en base “a la voluntad de los padres”. “No existe la obligación de regresar al colegio. Se necesita flexibilidad,” insistió el Palacio del Eliseo, luego que el primer ministro Edoaud Philippe delineará públicamente la obligación de regresar a clase en zonas prioritarias.

La vuelta atrás del Eliseo muestra las fallas de comunicación ante la crisis, que irrita a los franceses y preocupa a los política del propio partido oficialista.Hay desencuentros entre el primer ministro y su ministro de educación y falla la sintonía entre Macron y Philippe, los dos criticados en esta emergencia.