Coronavirus en el Vaticano: el Papa nombró a un cura argentino para encabezar una misión especial

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El Papa Francisco​ tiene prisa ante la enormidad de la crisis mundial causada por la pandemia del coronavirus. Busca y espera respuestas. Sobre todo quiere

encontrar la fórmula para anticipar el futuro. Por eso ha decidido formar una fuerza de tareas interna en el Vaticano y ha encontrado el hombre para la misión.

Es también argentino el padre Augusto Zampini, 50 años, que ha subido como un meteoro desde Buenos Aires al Vaticano. Lo nombró secretario adjunto del dicasterio para el Desarrollo Humano, uno los más importantes “ministerios” de la Curia. Pero este fue un primer paso. También le dio la menuda responsabilidad de encabezar una comisión para encontrar las respuestas a la formidable emergencia mundial que plantea el coronavirus y mirar más allá para formular (¿será posible?) una visión integral.

El Papa quiere orientarse en lo que será el mundo después del Covid-19, que en realidad ya ha comenzado y “que ya se muestra trágico, doloroso”, según advirtió. El padre Zampini será el encargado de “ayudar a encontrar el sentido de lo que pasó” y referir al pontífice, quizás con encuentros semanales.

Este jueves la nueva estrella creciente del Vaticano tuvo una charla con los corresponsales extranjeros en Roma. “La pandemia cambiará muchas cosas en el mundo”, dijo. “Es algo terrible pero también representa la oportunidad de cambios que pueden permitir a la sociedad afrontar a situaciones inéditas. Debemos pensar a la grande”.

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Zampini es un personaje que despierta curiosidad no bien se lee su biografía. Dio un gran salto cuando ya había llegado bien arriba, de joven, como abogado de un estudio legal (Baker & Mckenzie), entre 1993 y 1997, que lo hizo zambullirse en el mundo de las multinacionales. Hijo de buena familia, con una abuela galesa que lo predispuso a importantes contactos con el mundo británico, había nacido en julio de 1969. Dijo que la experiencia como abogado le provocó el llamado hacia los pobres. Cambió la toga por la sotana y lo hicieron cura en San Isidro en 2004.

El Papa Francisco está preocupado por el mundo que quedará tras el golpe del coronavirus. /EFE

El Papa Francisco está preocupado por el mundo que quedará tras el golpe del coronavirus. /EFE

Teólogo moral laureado en la universidad del Salvador, con varios masters y doctorados en Gran Bretaña, incluso en la universidad de Cambridge, Zampini fue y es docente en universidades de nuestro país y el Reino Unido.

Nombrado perito en el Sínodo de Obispos sobre la Amazonia, se hizo efectiva su cercanía al Papa Bergoglio, al que conocía desde cuando el padre Jorge era arzobispo de Buenos Aires. Zampini contó que el Pontífice lo llamó y le dijo que lo quería al frente de la Fuerza de Tareas para agilizar la toma de decisiones.

A los corresponsales extranjeros explicó: "La nuestra es una comisión del Papa: es para el que producimos material todas las semanas”. Aclaró ante una pregunta que no, la pandemia no es una punición divina. “Si pensamos cómo hemos tratado la naturaleza, los animales y nosotros mismos, nos damos cuenta de que la pandemia no es un castigo de Dios, sino más bien una autopunición”.

Zampini explicó que “estamos todos bajo la misma tempestad, pero no todos en el mismo bote”. En cuanto al diagnóstico y las propuestas, reiteró los llamados que el Papa lanza todos los días a las siete de la mañana en la homilía de su misa cotidiana ante ningún público presente por la cuarentena, registrado para millones de fieles por las redes de televisión.

“Este es el momento de revisar lo que se hace con los países pobres”, enfatizó el padre Zampini. “Algo debe hacerse y nuestro grupo está en contacto con los otros departamentos del Vaticano y otras organizaciones para ver qué y cómo se debe actuar, poniendo ante todo por delante a la gente”.

Escuchándolo es evidente que el Papa aprieta para obtener propuestas pero hasta ahora, como no podía ser de otra manera, faltan las respuestas originales.

Zampini dijo que “tenemos una honda preocupación sobre el Sur global del mundo, porque carece de los recursos sanitarios y económicos para afrontar la crisis como logran hacerlo los países desarrollados”. El objetivo es conseguir una aproximación tal que haga brotar una visión integral de la sociedad del futuro que se escapa si no se anticipa. “No solo en estos tiempos de la pandemia. También por las perspectivas económicas sociales y la necesidad de dar una respuesta a los problemas para salvar el planeta”.

Es el tiempo de las decisiones, concluyó, aunque no se sabe bien lo que va a suceder.

Vaticano, corresponsal