Un sueño que volverá: así hubiera estado la cancha de la Fiesta del Surubí

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El futbolero debe esperar cuatro años para volver a ver un mundial, en cambio el pescador deportivo tiene la suerte de tener uno todos los años y la responsable de que

esto suceda es la ciudad correntina de Goya, que año tras año congrega miles de personas en lo que se hace llamar el mundial de pesca. Traducido a nuestra jerga: la Fiesta Nacional del Surubí. Son cinco o seis días de algarabía en los que la ciudad se viste de fiesta para ofrecer todos sus atributos a cada uno de los visitantes.

Con esta excusa primaria, y como todos los años, antes de enterarnos de la instauración de la prolongada cuarentena y posterior suspensión del concurso hasta 2021, nos preparamos para ir a pescar y cubrir parte o casi toda la cancha donde se realizaría esta fiesta, el torneo de pesca que dura varias horas y todas las lanchas hacen lo imposible para lograr sus capturas dentro del lugar que les toca por sorteo. Entre tantas posibles personas para contactar, elegimos a “Bucky” González Vilas, quien hubiera sido el fiscal general de la prueba, y también a Adrián Ayala, de Chamigo Producciones, quien gerencia toda la difusión del evento. Rápidamente combinamos con ellos un par de días para poder hacer nuestro relevamiento, y hacia allí fuimos a principios de marzo.

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Sabíamos de antemano que el río estaba –y continúa estando– bastante bajo y sucio; también que la pesca se presentaba buena, pero para mayor información llamamos a Javier Enrique, guía local y referente de la zona quien nos reconfirmó el estado del río, de la pesca y nos proporcionó algunos otros datos clave. La idea era pescar un par de días de semana para encontrar tranquilidad en el río y organizar una salida junto a los amigos. En esta oportunidad nos volvió a acompañar Dalma Bucalo, una excelente y entusiasta pescadora que se banca toda inclemencia natural con tal de cumplir con el objetivo: pescar su ansiado surubí. Particularmente, viajé en un micro de línea muy confortable y una vez llegado a Goya me encontré con todos los amigos que ya tenían preparadito el arsenal para pasar un par de días en el campamento La Amistad, un lugar único en la isla, propiedad de nuestro amigo Javier.

Como el micro llega bien tempranito, tomamos un desayuno y fuimos rápidamente hacia la guardería donde Agustín Enrique nos esperaba con la embarcación lista y en marcha, para que después de una placentera navegación de unos 40 minutos llegáramos al campamento sobre el arroyo El Soto a dejar las cosas y comenzar con la pesca. La zona de este arroyo es un muy buen lugar de pesca, más aún donde se une con la laguna La Colacha.

Lo primero que hicimos fue armar los equipos compuestos por cañas de 10 a 20 lb (1 lb = 453,59 g) de potencia, en un largo de 1,90 a 2,25 m de acción media con reeles redondos o de bajo perfil cargados algunos con hilo multifilamento de 30 lb o nylon monofilamento de 0,40 mm. Como complemento utilizamos plomos redondos corredizos de 30 a 60 g según requiera el lugar. Para la brazolada recomendamos cable de acero de 60 lb, si bien el surubí no tiene dientes y podríamos usar monofilamento (tanza) grueso para la brazolada, muchas veces pican dorados y corremos el riesgo de cortar el aparejo. La suma de todo esto da algo muy sencillo: se enhebra el plomo corredizo por la madre del reel y se ata la brazolada con anzuelos 6/0 al 9/0, y así queda conformado el equipo. La carnada ideal para esta pesca es la morena viva en tamaño mediano; o la llamada mamacha, que es bastante más grande.

Con todo listo salimos a hacer nuestra primera experiencia del día, navegando un par de kilómetros aguas abajo de la laguna para quedar anclados de manera estratégica sobre un camalotal. Los primeros piques fueron de algunas palometas, hasta que una llevada firme nos dio cuenta que teníamos un surubí del otro lado de la línea. Esperamos unos segundos y el arqueo de la caña demostró que lo habíamos clavado. Un par de corriditas y enseguida teníamos un hermoso cachorrito en la embarcación, el que fue inmediatamente devuelto, como todos los que pescamos. Así se fueron dando unos cuantos piques hasta que el calor comenzó a apretar y decidimos ir a almorzar para volver a salir cuando bajara el sol. Ya se habían sumado “Bucky” y Javier, por lo cual ya seríamos dos lanchas las que relevaríamos los diferentes próximos lugares. La pesca siguió muy buena, con cachorritos de surubí que no superaban los cinco kilos de peso, pero que nos entretenían y auguraban un segundo día de muy buena pesca también. Como anécdota, se notaba cierta pica entre lancha y lancha, que en la próxima salida revelaré.

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Cenamos un muy rico un pollo al disco hecho por la gente del lugar y nos fuimos a dormir para aprovechar la mañana y completar nuestra nota. Terminamos con el desayuno y nos dividimos en las dos lanchas nuevamente, en una iban Javier junto a su hijo Agustin y Dalmita, y en la otra nos fuimos junto a Bucky relatando algunas picardías de lo que podría suceder durante el día de pesca. Llegamos al primer lugar: un pozo que caía de los 2 a los 7 m, ideal para esta pesca, y nos pusimos a ver lo qué hacían nuestros compañeros. Algunos gritos, algunas caras largas por piques errados y nosotros solo mirábamos hasta que mi compañero les dijo: “Me dan una morena así les muestro”. Y así fue, haciendo oídos sordos hacia donde le habían indicado que tirara, él arrojó donde le parecía y “pumba”, unos segundos y surubí clavado. Podrán imaginar lo que fue el momento, pura diversión y reclamos de lancha a lancha. Desde ya que en la otra lancha también pescaban, menos pero lograban lo suyo.

Después de la sesión de fotos a mi compañero devolvimos el surubí al agua y pedimos otra morena para seguir pescando. ¿Y saben qué pasó? Tiró y volvió a clavar otro cachorrito casi en forma instantánea. Las risas poblaban el lugar y Bucky dijo: “No pesco más, para mi está bien”. Hablando en serio, debo destacar la sabiduría y capacidad que tiene el guía Javier Enrique, un tipo que ve bajo el agua, sabe mucho y por eso es el referente más directo que tiene la ciudad de Goya en cuanto a pesca deportiva. A principios de marzo faltaba muy poco para esta gran fiesta que se postergó para 2021 a causa de la pandemia del Coronavirus. El río demostró que estaba a punto, así que quien tenga la oportunidad de llegar hasta Goya cuando se levante la cuarentena y el caudal mejore, seguramente podrá disfrutar de una de las pescas más lindas que tiene la Argentina. Para "saborear" del mundial deberá esperar un año más, las cosas en 2020 se dieron así.

Agradecimientos: Agustín, Dalmita Bucalo, Bucky y Kike Caneva, presidente y máxima autoridad de la Fiesta Nacional del Surubí.

Cómo llegar: desde C.A.B.A., Goya se ubica a 720 km por ruta 12, o a 770 por ruta 14.

Para tener en cuenta: el río Paraná durante el relevamiento se presentó muy bajo y sucio, por lo que hubo que tener mucho cuidado en el momento de la navegación. Quienes cuando se levante la cuarentena vayan a pescar por su cuenta, es fundamental que se comuniquen con algún guía o baqueano de la zona. Hay lugares muy peligrosos donde antes se podía navegar tranquilamente, pero ahora no tanto. Para la próxima fiesta será muy importante hacer todo con tiempo, porque llegada la fecha es muy difícil encontrar alojamiento y lanchas disponibles.

Guías: Javier Enrique (Tel.: 3777 603731) y Agustín Enrique (Tel.: 3777 255200) poseen truckers para todo tipo de pesca. Campamento en isla Operación La Amistad cuenta con quincho, habitaciones con aire acondicionado, baños, duchas y deck desayunador.

Galería de imágenes

Hermoso surubí pescado sobre la costa de carrizales.Tres poses clásicas: esperando, pescando y arrojando. Toda pesca a la espera.Bucky y Javier realizando la marcación de un surubí de medida, lo que servirá para analizar su comportamiento.Cómo siempre, pescado vivo al agua.Javier, Dalma y Bucky, con un triplete de cachorritos. Ninguno superó los 5 kilos. Esos serán los que abundarán en la fiesta..A la espera, con morena mediana y recostado sobre la costa de carrizales. Ideal, plomo de 40 g y anzuelo 7/0.