Cuando el fútbol no tiene género

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En la cancha se sienten plenos. Al cabo de un dificultoso camino, Mara y Marcos suman a la energía y alegría que les brinda el fútbol la satisfacción de saberse pioneros en la integración de jugadores transgénero a los equipos argentinos.

Alta, delgada, con el cabello largo recogido en una cola de caballo, Mara Gómez juega en el equipo Villa San Carlos, de La Plata. Con 23 años, aspira a ser la primera futbolista trans fichada en la incipiente liga profesional femenina del fútbol en Argentina. “Sufría mucho por la discriminación, la exclusión, el maltrato verbal que había en la calle y en la escuela. Me aferré al fútbol como una terapia”, relata.

Comenzó a jugar a los 15 años, animada por sus vecinas. “Había momentos en que se hacían torneos barriales y algunos equipos rivales se oponían. Entonces las compañeras saltaban a apoyarme y a decir que si yo no jugaba, ellas tampoco”, evoca esta centrodelantera. En la liga femenina de La Plata, Mara fue la goleadora de las dos últimas temporadas. Eso llevó a que Villa San Carlos, último en el fútbol profesional femenino, la pidiera.

“Es rápida y tiene muy buen remate al arco. Al contrario de lo que piensa la media de la gente, no es tan fuerte. Tengo varias chicas que son más fuertes y si bien es rápida tengo chicas que son más rápidas. Es inteligente, aprende rápido. Y tiene gol, que es lo que a nosotros nos falta”, describió su entrenador, Juan Cruz Vitale.

El club está pendiente de presentar ante la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) su solicitud de fichaje una vez que se reanuden las actividades suspendidas por el coronavirus. “Hay una ley de identidad de género que no pueden evadir. Nosotros estamos convencidos de que va a poder estar”, asegura Vitale. Argentina fue pionera en América Latina en aprobar una ley de identidad de género, en 2012, con la que Mara pudo corregir los datos de su documento nacional de identidad a los 18 años.

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Goleador. Marcos Rojo, de 20 años, ingresó este año como centrodelantero al club Unión del Suburbio, en Gualeguaychú, el primer equipo masculino en el que juega. Hace dos años corrigió su nombre y género en el documento de identidad y el equipo no dudó en incorporarlo. La liga de la provincia de Entre Ríos debe darle su carnet cuando se reactive el fútbol.

En la sala principal de su casa aún cuelga su foto de chica en la celebración de sus 15 años. En la transición lo apoyó toda su familia. “Quise hacer el cambio de documento porque siempre me gustó jugar con los hombres. Desde chiquito me sentía parte de ellos. El fútbol fue un gran paso para mí porque era lo que estaba buscando, lo que quería. Demostrar lo que uno sabe es buenísimo. El apoyo de un equipo para este tipo de cambios es mucho”, asegura este fanático de Boca.

Marcos acude puntualmente a las prácticas y ha disputado ya varios amistosos. Al terminar el entrenamiento va por su propia cuenta a un gimnasio. Este año cursa el último de secundaria y después quiere dedicarse al fútbol. El fútbol masculino “es mucho más exigente. Los chicos tienen todos buena patada. Para mí va a ser un logro si llego a jugar en primera división en algún momento”, reflexionó.

Sebastián Rajoy, presidente de Unión del Suburbio, afirma categórico que “el derecho al deporte lo tienen todos y todas”. “Los clubes de las orillas son los que están dando la oportunidad. Alguien tiene que empezar, en este caso empezamos nosotros”, agrega, aunque advierte que Marcos “tiene ahora el desafío del fútbol competitivo”.

*AFP.