Grandes pescadores que enseñaron sus trucos en Weekend

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Al menos un par de generaciones de pescadores aprendieron este deporte gracias a las muchas notas que “El Rafa” Guglielmi escribió en la revista Weekend entre 1975 y 2000, cuando falleció,

el 16 de junio a los 75 años. Había comenzado a pescar de chico y pronto se federó; como tal, participó en numerosas pruebas donde dejó bien sentadas sus grandes capacidades para la pesca, especialmente en el casting o lanzamiento, donde batió récords argentinos y sudamericanos. La revista Cardumen le hizo un muy lindo reportaje, en 1955, luego de haber batido la distancia mundial, con 223,10 metros con plomada de 114 gramos.

Ya, por entonces, tenía un puesto de venta de fiambres en el mercado Proveedor del Sur, cercano a Plaza Constitución, demolido en la década de 1970 para abrir la avenida 9 de Julio. Guglielmi vivía a una cuadra de la plaza Garay, en la calle Mompox, adonde Hernán Bianchi, editor de Weekend durante más de tres décadas, concurría para pulir las notas.

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Carlos Angel Arzubiaga nos contaba que Rafael “no era solo un excelente pescador sino una gran persona, muy generoso y un excelente profesor que no se guardaba nada. Las veces que salí con él a pescar, primero verificaba que nosotros, que éramos pibes, estuviéramos bien ubicados, con el equipo correctamente armado; entonces recién él se dedicaba a pescar".

Su fama comenzó a trascender más allá de las competiciones cuando, en octubre de 1972, fue una de las firmas en las notas de pesca de la desaparecida revista Aire y Sol, en ese entonces propiedad de la editorial Julio Korn. En esa misma fecha, la editorial Perfil dió a conocer Weekend, revista a la que Guglielmi pasó en 1975 como si fuera la transferencia de un jugador de Boca a River, o viceversa.

Su última nota, “La potencia de los grandes” fue hecha en Paso de la Patria, lugar al que frecuentó como ningún otro comunicador, durante décadas, siguiendo los pasos de su antecesor en estas artes, Roberto Zapico Antuña. Cuidadoso de la estética de las fotos, hizo prevalecer este aspecto sobre otros de tipo documental, mostrando a veces risueñas tomas de aficionados con pescados metidos en el agua del Paraná, en lugares donde difícilmente podrían haber vadeado para lograr esas capturas. En el final de su carrera ya lo acompañaba el fotógrafo Alejandro Inzaurraga, que aprendió del maestro muchos de los trucos para impactar al lector con una buena toma.

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Durante mucho tiempo, los periodistas que lo sucedimos quedamos condicionados, de alguna manera, por las presentaciones de “El Rafa”, tanto en los textos como en las fotos. Es que el público consumidor de estos materiales durante seis lustros mamó peces grandes presentados en primer plano, saltos, salpicaduras, rostros sonrientes, gorras de visera, pescadores que se miraban entre sí…

Fue un cultor de la pesca en spinning y más tarde del fly cast, terreno en el que su hijo Diego siguió sus pasos, escribiendo notas y también como guía en la Patagonia. Tras la muerte de Zapico Antuña, en 1978, las notas de Guglielmi sobre pesca de tarariras con señuelo revolucionaron el mercado, como testimonia su amigo “Pocho” Ianone, fabricante de los artificiales Del, y muchísimos aficionados que se volcaron a esta modalidad gracias a esos artículos. Decía en 1972: “El arte de la pesca es el arte del engaño.Cuando más sutiles son los artificios de que nos valemos, más interesante se hace el juego. Uno en realidad no termina nunca de aprender y conocer las leyes de este juego … Pescar con carnada y atraer a un pez hambriento no es tan apasionante como pescar con artificiales”.

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Lo conocí fugazmente en el norte correntino, donde algunas veces lo crucé mientras él pescaba con Vidal en Ituzaingó o con Bravo en Paso de la Patria. En este último sitio, recuerdo la polvareda que levantó cuando afirmó que la pesca del bagre era tanto o más deportiva que la del dorado, ¡justo donde se celebraba, y aún se lo sigue haciendo cada agosto, la Fiesta Nacional del “tigre de los ríos”! Esta anécdota simplemente refleja cuánta importancia se les daba a sus dichos, aunque surgieran en una conversación informal, sin que quedaran registrados en el papel, como sucedió en este caso. Es que su sola presencia concentraba miradas y la atención de miles de lectores de las revistas en las que escribía y que lo recordaban por tal o cual nota, entre las que memoramos algunas pioneras o, al menos, muy descollantes por buenas y extrañas: la pesca de grandes dorados en el Bermejo en la finca Jakulica; las enormes tarariras azules en el vecino país de Uruguay; la pesca de un dorado gigante en Paso de la Patria con equipo de spinning liviano, en el primer número de Aire y Sol; los dorados en el embalse de Río Hondo con el guía Lito Guaraz; los chafalotes espectaculares en la boca de La Tinta o del Martínez sobre el río Uruguay, cuando iba con su esposa a la desaparecida hostería de Carlos Jhan y pescaba con uno de los tantos señuelos que él creaba: el jig El Viajero. También recordamos, e incluso tenemos algunos ejemplares guardados, sus artículos en la discontinuada página de pesca del diario La Nación, ricos en anécdotas, contadas con el clásico lenguaje de los pescadores.

En épocas donde la noción de conservacionismo y ecología casi no aparecía en las notas de pesca, Guglielmi habló mucho de la devolución de los peces a su medio y de la supresión de sanguinarios métodos de reducción de pesca, como el bichero,dando a conocer, en forma pionera, algunos elementos más cuidadosos de pez, como el tailer o lazo para tomarlo de la cola.

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Lamentablemente participó poco o nada en radio y en televisión, y no existen notas suyas en Internet, salvo algún puñado de párrafos sueltos. Es una excelente oportunidad volver a leer algunas en esta recordación que hace su querida revista. Su hábitat periodístico era la tinta y el papel, y un buen repaso de sus centenares de notas armaría una interesante biografía laboral de este pescador.

Hace dos décadas partía a otros lares. Sus cenizas fueron esparcidas en la cuenca del Plata, que tantas satisfacciones le dio y la que a tantos pescadores hizo vivir como si fuera el patio de su casa.

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Rafael GuglielmiRafael GuglielmiRafael GuglielmiRafael GugliemiLos Guglielmi. Padre e hijo, ambos unidos por la misma pasión
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